Existen
todavía más motivos para incluir las plantas dentro de nuestra
vivienda. Además de generar oxígeno y absorber dióxido de carbono, las
plantas interiores purifican el aire, absorben gases contaminantes,
regulan la humedad y la temperatura ambientales, atenúan el ruido,
retienen el polvo y, al carecer de colores agresivos, tienen un efecto
sedante sobre las personas. Al elevar el grado de humedad en el aire,
evitan que se resequen nuestras vías respiratorias, lo que nos protege
de irritaciones en la mucosa respiratoria. Su efecto amortiguador de la
temperatura consiste en refrescar el ambiente mediante la evaporación
de agua en verano, mientras que en invierno emiten calor como cualquier
ser vivo. Las plantas frondosas ejercen de pantalla frente a los ruidos
interiores y exteriores, de modo que reducen el nivel sonoro interior.
Cabe decir que los biovertidos liberados durante la respiración humana
(como alcohol etílico, acetona, alcohol metílico y acetato etílico) son
captados por las plantas. Las plantas también reducen la concentración
de esporas de moho y bacterias presentes en el aire, gracias a su
producción de sustancias fitoquímicas. Por si fuera poco, aumentan la
concentración de iones negativos en el aire, compensando así los campos
eléctricos de signo positivo (perjudiciales para la salud) emitidos por
los aparatos eléctricos (TV, ordenador, electrodomésticos, etc.).
Poseen muchas otras cualidades, algunas específicas de cada planta y
realmente sorprendentes.